Por Cándido Pérez.
Esta es la historia de mi primer contacto con barbos de gran tamaño, de estos momentos a la actualidad, han pasado unos 20 años. Y todo ha cambiado bastante, tanto en las técnicas que por aquella época me estaba iniciando (pesca con mosca), como en los materiales y técnicas con los que pesco actualmente. Hoy en día ya no se puede pescar en la zona donde lo pesqué, está prohibido por seguridad, pero estoy seguro que aún quedan barbos de un porte mayor en otras zonas de este gran río.
PESCANDO A FONDO GRANDES BARBOS
Ya estaba pensando en salir del trabajo, coger el coche aprovechar el fin de semana con una buena jornada de pesca del Black Bass.
Era un viernes a finales del mes de Mayo, llegué a Alcántara alrededor de las siete de la tarde y estaba dispuesto a preparar conjuntamente con mi hermano el equipo de pesca para el día siguiente, comprobar el estado de la zodiac, comprar gasolina para el motor y revisar sobre el mapa la zona que eligiríamos del pantano para buscar como siempre a aquel Black Bass de 4 Kgs. que vimos en alguna ocasión merodeando aquel recodo y que no quiso entrar a ningún señuelo.
Sobre las siete y media de la tarde ya tenía todo resuelto; en el río ya se habían sacado algunos buenos ejemplares de Barbos, desde principios del mes de Abril hasta finales de Mayo que era la fecha en la que me encontraba habían salido algunos entre 7, 8 y 9 Kgs.
Pensé que como aún quedaban dos horas aproximadamente de luz me podía acercar debajo de la presa, y probar si por un casual y con un poco de suerte ese era el día.
Esta era ya una de las incontables veces que había bajado al "colchón" en busca de ese gran barbo, o como un amigo les llama "pez mulo", en ocasiones anteriores había pasado muchas horas esperando la picada del mencionado y aunque alguna vez pude sentir la misma sobre la caña nunca había conseguido sentir la fuerza que tienen una vez se sienten atrapados.
Cogí mi caña de tres metros y medio, el carrete de batalla para estas ocasiones cargado con 150 metros de línea del 0,35 , la silla desmontable, el portacañas y dos bogas que tuve que descongelar en el microondas ya que estaban en el congelador y no las pude sacar para su descongelación al aire libre, esto último hubiese sido lo mejor(es lo que pensaba antes de lo que ocurriría una hora y cuarto aproximadamente después).

Salí de mi casa andando y a los quince minutos ya estaba en la orilla del río. La temperatura era de unos 20º y el cielo estaba cubierto sin riesgo de lluvia; puse el cañero, coloqué la silla y preparé la caña anudando una potera con imperdible al sedal, donde engancharía un trozo de boga.
La boga descongelada con el microondas no había quedado muy allá, parecía que se había cocido un poco y "me daba mala espina".
Lancé situando el cebo en una corriente circular que hace el agua de las turbinas con la pared del muro de contención del aliviadero, normalmente en esa zona se concentran los trozos de peces que puedan triturarse en la caída del agua del pantano al río.
Eran las ocho y diez de la tarde cuando me senté delante de la caña y mi mirada se quedó fijada en la puntera esperando la sacudida de un gran barbo.

Comenzaba la cuenta atrás, quince minutos, media hora y cierran dos turbinas de las tres que estaba abiertas, se crea una corriente en el muro sumergido y yo me quedo absorto escuchando el ruido producido por el agua y mirando la puntera ya con poca fascinación estaba comenzando a anochecer y parecía que no era como otras veces el día en que me picaría un "pez mulo".
Pasan diez minutos y comienzo a recoger en la mochila la silla desmontable y los aparejos en el chaleco, como siempre sin sacar la caña del agua esperando hasta última hora "por si acaso".
Esta vez el "por si acaso" parecía que había funcionado, cuando voy coger la caña para acabar estos instante de pesca noto que la puntera se balancea de arriba a abajo muy débilmente, pensé que era la corriente o algún percasol que estaría enredando en el trozo de boga; doy un tirón por si las moscas y de repente noto una sacudida y el carrete empieza a sonar soltando línea bruscamente durante un buen rato sin parar; me empiezo a poner un poco nervioso, parecía que había tenido suerte; la caña estaba completamente arqueada, me vino a la mente los pescadores de atunes con sus cañas de curricán recuperando un gran atún a fuerza de ir doblando y recogiendo poco a poco el poco sedal que se consigue cuando el pez se queda parado.
Tras veinte minutos y con el brazo bastante agarrotado voy acercándolo a la orilla con impaciencia por ver su tamaño y lo primero que veo es un gran lomo plateado, con mucho cuidado lo voy orillando nervioso por si una sacudida final parte la línea y se escapa, me introduzco un poco en el agua y con una mano en la caña utilizo la otra para acercarlo hacia mí.
Con gran satisfacción y con cuidado cogí la mochila y el portacañas, al cabo de un rato después de la fotografía de rigor lo devolví de nuevo a su entorno (dada la complexión y robustez del mismo el momento que estuvo fuera del agua era para él como un pequeño susto).
