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25-11-2011

EL BARRAZUELO: MUCHO BARRO Y MUCHA CAZA

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Javier Robles, CONDEVITO

Gran montería la celebrada por Enrique Garrido el pasado día 20 de Noviembre en El Barrazuelo. Esta preciosa finca enclavada en la Sierra de San Pedro y dominada por el majestuoso Castillo de Azagala, se localiza a orillas del embalse de Villar del Rey, en la localidad pacense de Alburquerque.

3 años son los que ha estado la finca sin ser monteada. Con este precedente no era para menos albergar cierta ilusión, y más a sabiendas de la existencia de algunos buenos venados y cochinos en la mancha. Todo ello con el aliciente de los muflones y un par de ciervas por puesto, si bien de los primeros el número sería bastante escaso.

Después de la jornada sabatina pasada por agua en Cantillana, el domingo también amaneció nublado. La Junta se dispuso en una carpa instalada junto al Cortijo Los Cantos, a las afueras de Alburquerque. Precedió al sorteo de los puestos un almuerzo compuesto por migas, huevos fritos, chorizos, torreznos y café. A continuación se sortearon los 52 puestos por armadas, teniendo que esperar hasta el final para elegir mi tarjeta de puesto, o mejor dicho, más que elegir coger, porque fui el último y sólo quedaba un puesto: el nº2 de la Traviesa Chica. En estos casos lo mejor que uno puede hacer es pensar que “los primeros serán los últimos y los últimos los primeros”, o que “no hay mal que por bien no venga”. ¡Será por refranes!

De inmediato partimos hacia el cazadero las dos últimas armadas sorteadas. La casualidad ha querido que suba en el 4x4 de Raúl, Temerón y buena persona a quien aprovecho para enviar un saludo. Poco más de quince minutos tardamos en llegar al borde del pantano, donde una vez distribuidos los monteros en varios todo terreno, somos conducidos rápidamente hasta los respectivos puestos.

Ya en el puesto y localizados los monteros vecinos, cargo el rifle, rezo y me tapo entre dos jaras. Estoy en una monda de unos 15 metros de ancho, con pies de alcornoque dispersos a lo largo de la misma. A mi izquierda y en dirección al puesto 3, la traviesa se estrecha hasta quedar reducida a un camino, mientras que por mi izquierda se prolonga con toda su anchura hasta el puesto nº1. A mi espalda se encuentra un muro de piedra de apenas un metro de altura y por delante de éste, es decir, entre el muro y la monda, hay también una malla de poco más de un metro. En varios puntos, muro y malla se encuentran desmoronados y levantados respectivamente permitiendo el paso de los cochinos. Enfrente, justo al otro lado de la monda, hay un espeso jaral salpicado de alcornoques y chaparros.

Apenas unos minutos después, tras mi llegada al puesto, se produce la suelta de las rehalas. No tardan en producirse las primeras ladras y disparos. Instantes después una ladra se dirige hacia mi por la espalda. Son dos ciervas que unos metros antes de llegar al muro de piedra deciden tomar dirección al pantano. Justo cuando estoy siguiendo la carrera de ambas ciervas, escucho un leve clink metálico de la malla con dirección al puesto 1. Medio segundo después aparece un venao pequeño que decido no tirar.

Todavía con la adrenalina en 9.80 escucho tronchar monte por mi espalda. Se me salen los ojos de las órbitas pero no soy capaz de ver nada con lo cerrado del monte cuando de repente, ¡ahí está! aparece un bulto negro entre la maleza. Es un guarro más negro que un tizón, o al menos me lo parece. Dejo que avance unos metros más para ver si se tira hacia la gatera pero no. Pega un tornillazo con dirección al puesto 1, momento que aprovecho para apretar el gatillo ¡piiiimba! y el marrano que dobla. Sigo apuntando cuando veo que se levanta y sale pitando. Sigo la carrera y entre dos encinas le mando otro recado del papi 30.06, ¡baaaaang! Creo no haber hecho blanco pero segundos después escucho cómo la carrera se corta y el guarro se desploma. ¡Menudo lance, comenzamos bien! -pienso-.

Al cuarto de hora se produce una nueva ladra a mi espalda que por su lejanía escucho a duras penas. En cuestión de medio minuto los ladridos de los perros se van haciendo cada vez más fuertes denotando que la res viene con dirección a mi puesto. Los perros vienen apretando a la res haciendo que el lance no se haga esperar. No tardo en escuchar de nuevo el sonido de la malla y en un visto y no visto un pequeño motorista (dícese del jabalí de escaso tamaño que pasa por una postura como alma que lleva el diablo) que tampoco decido tirar cruza el cortafuegos.

Transcurridos unos minutos, y de nuevo a mi espalda, escucho moverse algo. Está parado. Creo que es un guarro, pero no es hasta que llegan un par de perros punteros por allí cuando le escucho gruñir claramente. Sin embargo, el cochino consigue escabullirse y se pierde en la lejanía de la espesura del monte.

Durante la hora y media siguiente se suceden los disparos a uno y otro lado de la traviesa en la que me encuentro. Pasan un total de quince ciervas por mi puesto, no tirando ninguna de ellas. Entre todo este ajetreo el puesto nº3 de mi armada abate una cierva de un certero disparo. El puesto nº1 tiene algo más suerte y consigue abatir un par de cochinos y una cierva.

Momentos antes de llegar a la traviesa donde me encuentro, las rehalas empalman varias ladras seguidas aunque ninguna de ellas culmina en lance alguno por mi puesto. Sin embargo, el hecho de ver llegar al unisono la mano de los perros al cortafuegos ya merece la pena. Nada más pasar la traviesa, los perros agarran un cochino al que dan una rápida muerte.

Las rehalas prosiguen su marcha hasta encontrarse con las recovas que avanzan desde el lado contrario de la mancha, momento en el que se producen varias ladras con sus respectivos lances en puestos de mitad de la mancha.

Ya de vuelta, las rehalas empujan hacia las posturas algunos cochinos desperdigados. Uno de ellos se cuela entre el puesto nº1 y el mío sin ser tirado, y sólo unos minutos después aparece camino adelante otro marranete al que perdono la vida por no ser tirable.

Tras el fugaz encuentro con este último motorista, no tardan en aparecer Félix (el postor) y su hija, poniendo el punto y final a esta entretenida montería. Hacemos las fotos de rigor para inmortalizar el resultado del puesto y nos dirigimos hacia la Junta.

Una vez allí y después de dar buena cuenta de un buen plato de caricas, compruebo que los buenos augurios se han cumplido, abatiéndose un total de 15 venados, 25 jabalíes (con varias bocas) y taitantas ciervas.

Alejandro Barquero, uno de los ocupantes del puesto nº1 del Camino relata lo vivido desde su puesto:

“Tras la suelta pasaron los primeros perros y oímos un agarre. Escuchábamos cómo el guarro pegaba a los perros, cuando de repente se soltó y vino faldeando sierra adelante. Pasó enmontado por puesto nº2. Como a 20 metros de la tablilla del puesto lo volvieron agarrar y mi hermano Juan fue con el cuchillo para matarlo ya que sabíamos del peligro que corrían los perros, pero cuando estaba a 10 metros del cochino, éste se soltó de nuevo, bajando al regatón donde le pegué un tiro en el codillo que lo hizo caer fulminado dando una voltereta sobre sí mismo. Después vimos a 3 de los perros heridos, de los que desafortunadamente uno murió.

 

Aparte del navajero nos pasó una guarra en línea con los perreros, por lo que no tiramos, agarrándola posteriormente los perros y siendo rematada por el rehalero a la altura del puesto nº2. También cumplieron por el puesto un par de ciervas y un vareto.”

Enhorabuena a la organización de la montería y a Antonio Arruza por su espectacular venado, a Ernesto, que dejó atrás su mala racha cobrando este fin de semana un par de venaos entre Cantillana y El Barrazuelo, y al resto de afortunados.

Saludos y buena caza.

Javier Robles (condevito)

Ultima modificacion el Viernes 25 de Noviembre de 2011 09:42
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